miércoles, 20 de marzo de 2019

Cerro San Gabriel

El Cerro San Gabriel me había resultado esquivo por algunos años, un par de intentos que quedaron en el camino con mis hermanos menores me hizo dejarlo en el listado de los cerros pendientes. Al cumplir mis 50 años decidí que una buena manera de celebrar era justamente sacar los temas pendientes que tenía y entre ellos el San Gabriel, con mi esposa y cordada decidimos intentarlo, el clima estaba favorable y con harta nieve. Al llegar a los rodados, dejamos nuestra cacharra encargada en una casa del sector y emprendimos el ascenso por sendero seco y muy marcado hasta llegar al lugar donde generalmente se establece el CB, donde ya comenzaba la nieve. Era un viernes, fuimos los primeros en llegar y al cabo de un par de horas llegaron dos grupos que armaron sus carpas a algunos metros de la nuestra. El resto de la tarde descanso, sopitas y a dormir cuando comenzaba un suave plumillaje de nieve.
Al día siguiente emprendimos el ascenso equipados con crampones, piolet, cordin de seguridad y muy abrigados, la nieve estaba exquisita para nuestro gusto y en un poco más de una hora estaba en el portezuelo, desde ahí 5 horas y a cobrar, abrazo de cumbre fotos protocolares y a bajar. Llegamos tarde a nuestra carpa, el sol había ablandado mucho la nieve y esto retraso el descenso por tanto decidimos quedarnos una noche más. Afortunadamente existe en el sector señal para celulares, así que avisamos a casa y a disfrutar de un atardecer maravilloso, con una puesta de Sol de sueños y mucho juguito de frutilla para recuperarnos de nuestra fatiga.
Mi esposa Marcela Torres subiendo por el sendero.

Descansando.

Una puesta de Sol de sueños.

Mi esposa Marcela Torres por el filo.


Marcela Torres a metros de la cumbre.

A festejar.