martes, 16 de junio de 2020

Torres del Paine. (Circuitos)


Vacaciones año 2015, Fabian y Danae ahorraron todo el año para viajar a las majestuosas Torres del Paine, la tan nombrada octava maravilla del mundo; dos estudiantes que guardaron hasta el último peso para cumplir el sueño de viajar y conocer los hermosos paisajes de su propio país.




Llegamos con primer destino al aeropuerto de la ciudad de Punta Arenas y posteriormente a Puerto Natales, sin reservas de campamento (ya que en ese tiempo se podía llegar así), sin averiguar mucho, sin saber muy bien por dónde empezar, “a la vida” como se dice.

Elegimos un martes 13 de enero para emprender la aventura, bien temprano en la mañana nos levantamos para ir a tomar el bus que lleva desde la ciudad de Puerto Natales al Parque Nacional Torres del Paine, era un día nublado, cosa que esperábamos así que no nos desalentamos; 2 horas y media de desplazamiento nos prometieron aproximadamente, pero no contaban con que muy cerca de nuestro destino hubieran cientos de ovejitas paseando en la ruta, nos  maravilló muchísimo, ya que no imaginábamos toparnos con semejante postal, por lo que nos llevó casi 3 horas llegar.

Zanjamos que nos internaríamos en el Circuito Macizo Paine, la famosa O como se le llama, y soñamos a lo grande, así que entusiasmados quisimos arriesgarnos más aun y hacer también el pequeño bracito que anticipa el circuito, finalmente la Q. Al llegar a la Portería Serrano nos avisan que debíamos hacer una fila, un tanto larga (ya que todos los buses llegaban a la misma hora) para pagar nuestra entrada, cosa que en la ignorancia y la poca información de nuestra parte, no teníamos planificado, menos mal que llevamos plata (jaja).

En la charla nos dijeron que las condiciones climáticas estaban muy adversas y que el Circuito O estaba cerrado hasta nuevo aviso, así que nos resignamos a conquistar el recorrido Paine Grande, la W. Terminada la charla éramos libres de empezar el circuito; con lo exagerados que somos, empacamos más de 25 kilos de parafernalia en cada mochila, fatal error que hizo que el trayecto de la Q fuera un infierno, por lo menos para Danae, que además carente de experiencia ni estado físico provocó que hasta llorara de frustración; llegamos al camping de Conaf Las Carretas (que aparentemente ya no existe) y por salud mental resolvimos quedarnos a dormir ahí. Había dos argentinos y una pareja de mexicanos además de nosotros dos. Armamos carpa y empezamos a acomodarnos, cuando ya cerca de las 5 de la tarde nos dio hambre y nos dimos cuenta que se nos olvidó comprar gas butano para cocinar durante el circuito (-inserte carcajadas-), teníamos que solucionarlo de alguna forma y le pedimos a la pareja de mexicanos si tenían un baloncito de gas que nos vendieran y entre la vergüenza y risa nos dijeron que ellos ya se iban así que nos regalaban el que tenían, fue lo mejor que nos pasó ese día, además de los hermosos paisajes que habíamos contemplado en el trayecto. Ya después de cocinar y comer nos pusimos a conversar con los chicos, bien simpáticos todos; compartiendo experiencias del viaje, cayó la tarde y nos fuimos a acostar para partir al siguiente día al refugio Paine Grande.

La jornada siguiente se nos hizo bastante corta, ya mucho más mentalizados al desgaste que significaría recorrer en promedio de 5 a 8 kms diarios con la dificultad propia del terreno. Rodear el lago Pehoé nos hizo olvidar el dolor de cuerpo que sentíamos, era una vista preciosa, una vegetación verde muy rebelde, típica de árbol crecido bajo el feroz viento de la Patagonia, algunos vestigios de los incendios que habían pasado hace poco por ahí, la naturaleza misma relatando su historia.

Ya muy cerca del Campamento Paine Grande se asomaron con mejor claridad los imponentes Cuernos; seguimos hasta llegar al tranquilo refugio, varias carpas de colores que se mezclaban en la perspectiva de la naturaleza y los cerros, buscamos un lugar donde cupiera nuestra enorme Marmot Asgard 3P y nos acomodamos. Comimos algo y descansamos para salir al otro día; lo pensamos bien e iríamos a explorar el mirador del Lago Grey, solo con mochila de ataque, ya que con semejantes mochilas que cargábamos iba a ser una odisea tratar de llegar al Refugio Grey. Ya cuando se escondió el sol conocimos recién el mítico viento Patagónico en su magnificencia veraniega, las carpas meneándose con las violentas ráfagas. Nosotros muy a salvo en el que sería nuestro dormitorio por la semana, era cómico escuchar a la gente que pasaba diciendo “la tremenda carpa”, tal vez por lo grande que era en comparación de las que había alrededor. Durante la noche vimos interrumpido nuestro sueño, teníamos la carpa pegada en la cara pero estaba estable, nos alivió saber que las miles de estacas que le pusimos estaban haciendo bien su trabajo; el viento era cruel, gente cerca de nosotros hablando fuerte un poco desesperados, habían despertado con las carpas desarmadas y con lo potente de la corriente pensábamos en nuestros adentros lo difícil que iba a ser volver a armarla, si es que no se les había rajado, lo que era una evidente tragedia.

Abrimos los ojos casi de madrugada, el sol en la Patagonia se asoma tipo 5:30, 6 de la mañana, por lo que la luz natural ayudó a levantarnos para emprender la siguiente caminata. Después del desayuno dejamos todo muy bien guardado dentro de la carpa, rogando que nadie fuera a curiosear al verla sin los dueños adentro y marchamos al mirador del Lago Grey, el camino era angosto, se asomaba el Lago Grey con su monumental glaciar de fondo, un pequeño catamarán se veía a la distancia, nos sentíamos tan minúsculos ante ese extenso paisaje, nos quedamos un rato a contemplar y tomar unas fotos. Regresamos al Refugio Paine Grande, nuestras cosas estaban intactas, por lo que con alivio fuimos a comer algo y a planificar el ataque del siguiente día: internarnos en el Valle del Francés, como íbamos sin prisa, pensábamos el ver las condiciones del clima, del terreno y las características de los campamentos para decidir si nos cambiamos al Italiano o al Británico. Partimos temprano nuevamente, el cielo cerrado, con inminente amenaza de lluvia, se asomaba a lo lejos el Lago Skottsberg, se veía una distinta perspectiva de los Cuernos; el camino era tranquilo, contemplaba un pequeño puente colgante, en el que solo se podía pasar de a uno, seguimos caminando hasta que se puso a llover, no era una lluvia intensa pero tampoco ligera, se nos tapó el camino y quedamos entre ambos campamentos, era obvio que no íbamos a lograr ver nada llegando al mirador, por lo que concluimos en retornar, un poco frustrados; lo más bello y distinto de lo que fuimos testigos, fue ver un hermoso pájaro carpintero que alegró el retorno.

Con la falta de señal celular en tal recóndito rincón del mundo no teníamos mayor información sobre cual seria el pronostico del clima en los próximos días, por lo que decidimos tomar el catamarán que conecta el Refugio Paine Grande con el acceso Pudeto, compramos esa misma tarde los tickets. Después de ordenar el desastre que teníamos y empacar las mochilas, nos alimentamos y dormimos esperando al próximo día. A la mañana siguientes, nos levantamos para desarmar la carpa, se despejó y panorama era soleado, sentimos un poco de remordimiento ante la apresurada decisión que tomamos con respecto a haber hecho planes de rodear en catamarán en vez que ir por tierra, pero ya estaba hecho, por lo que al subirnos disfrutamos muchísimo de la esplendorosa naturaleza durante media hora, no nos arrepentimos, ya que era otra de las inmaculadas perspectivas del Parque.

Llegamos a la Cafetería Pudeto a esperar el Bus que nos conectaba con la Portería Laguna Amarga para adentrarnos y caminar al Refugio Chileno para completar la ultima parte de la ruta. En este tramo del parque se presenciaba una vegetación mucho más café, más seca, más ruda; ya con un poco menos de peso en las mochilas el paisaje se hacía mucho más ameno, a pesar del calor y lo seco del clima disfrutamos mucho de la vista, llegamos al Chileno, armamos carpa y descansamos para planificar el tan ansiado destino final que era llegar al Mirador base Torres del Paine, que por lo que decía el folleto de CONAF tenía más altura y dificultad que todo lo que habíamos peregrinado del circuito. Partimos poco después del amanecer, clima extremadamente favorable, despejado, solo con mochilas de ataque, al parecer los días nos acondicionaron físicamente, porque al emprender la ultima etapa no concebimos fatiga, quizás fue también por la ambición de llegar al objetivo de nuestra aventura que no notamos cansancio. Al avanzar en el trayecto, las vegetaciones iban cambiando, entre más cerca del objetivo, más seco y rocoso se tornaba el terreno, era como ir pasando por las distintas estaciones del año en un solo día. En el camino nos cruzábamos con muchos otros aventureros, nos dábamos palabras aliento para no decaer durante de la hazaña, se percibe que todos estamos en la misma sintonía, ansiosos por conocer las sublimes Torres del Paine. Nos demoramos menos de lo que suponía el panfleto de CONAF, probablemente por no llevar peso en los hombros, por lo que al llegar a nuestro objetivo final nos tomamos un largo tiempo para contemplar, atónitos, la inmensidad que se retrataba frente a nuestros ojos, felices, habíamos materializado un sueño, ver una de las paredes de granito más australes de nuestro país. 

Autor del relato: Fabian Acevedo Torres. 








Sin duda una tremenda experiencia para parte del Grupo de aventureros de GoatOutdoor.